
Nuestro cliente era pasajero a bordo de un yate privado en el condado de Miami-Dade cuando, poco después de que la embarcación salió del puerto, un gran panel del techo se desprendió del interior de la cabina y la golpeó directamente en la cabeza. El panel pesaba aproximadamente 40 libras.
Ella tenía antecedentes de conmoción cerebral como atleta universitaria. Una resonancia magnética con imágenes por tensor de difusión (DTI) realizada después del incidente se comparó directamente con su resonancia magnética cerebral anterior al incidente. La comparación confirmó nuevas lesiones cerebrales que no existían antes del accidente de yate. Dicha comparación eliminó el argumento principal de la defensa: que sus síntomas se debían a lesiones anteriores.
Los diagnósticos que siguieron fueron extensos: lesión cerebral traumática, síndrome postconcursal, hernias discales cervicales, tinnitus, alteraciones visuales, deterioro cognitivo, depresión y ansiedad. Los efectos cognitivos de la lesión cerebral traumática fueron lo suficientemente graves como para que perdiera su empleo.
El dueño de la embarcación sabía, o debería haber sabido, que el panel del techo no estaba bien sujeto. Una embarcación que se desplaza por el agua genera vibraciones y movimientos constantes. Un panel del techo sin sujetar en ese entorno constituye un peligro previsible. El caso se resolvió con un acuerdo por $275,000.
Utilizamos resonancia magnética DTI para demostrar una nueva lesión cerebral, de forma objetiva. Nuestro cliente tenía conmociones cerebrales anteriores. Anticipamos ese argumento de la defensa y lo cerramos con ciencia. Un radiólogo realizó una comparación directa de las resonancias magnéticas cerebrales del cliente anteriores y posteriores al incidente. La DTI confirmó nuevas lesiones: evidencia radiológica objetiva que cambió la dinámica del caso.
Aplicamos la doctrina de res ipsa loquitur. Un panel de techo de 40 libras no se cae de un yate mantenido adecuadamente. Su caída es una negligencia evidente por sí misma.
Impugnamos la falta de navegabilidad bajo el derecho marítimo. Un accesorio de techo mal asegurado en una embarcación en movimiento hace que la nave no sea navegable. Presentamos esa demanda directamente junto con la negligencia marítima general.
Documentamos todo el costo humano. Deterioro cognitivo. Tinnitus. Alteraciones visuales. Depresión. Ansiedad. Pérdida del empleo causada directamente por déficits cognitivos.
